"El Silencio que Comunica" - Virtudes para interpretar el lenguaje multiversal de las organizaciones.
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En momentos actuales, si bien ya existen
y es muy común las narrativas como: el Vértigo Digital, La modernidad liquida,
Era de la turbulencia, Tiempo de la inmediatez, Época del cansancio… todas
convergen en una instancia real, la cual se proyectan como una vorágine del
tiempo y espacio, de la materia y la energía, de las emociones y sensaciones;
todo confluye en la búsqueda natural de la armonía.
Discernir entre lo bueno y lo malo,
entre la razón y la emoción, entre la mente y el corazón para crear decisiones
acertadas y eficientes, a menudo en la prisa o en la voracidad de lo cotidiano se
podría generar un trastorno por la falta de reflexión.
La naturaleza busca siempre vivir en armonía,
no solo a través del control, sino a través de la adaptación y la flexibilidad.
En el blog anterior dije que:
“La comunicación es un PUENTE
CONECTIVO dentro de la estructura cultural, sobre quienes son parte de
un todo”
Cabe añadir que, la conectividad
entre lo que se dice y opera en la vida organizacional fluye y se vincula a través
de un lenguaje multiversal. Es decir que, lo que ocurre y se comunica dentro de
una organización no circula en un único código o forma de hablar, sino que se
mueve a través de múltiples lenguajes, significados y modos de interpretación
simultáneos. El silencio que comunica, como un aspecto fenoménico en la comunicación actual, requiere
de virtudes cardinales, tales como:
Prudencia: Persona que actúa con precaución. Se
asocia a la capacidad de prever las consecuencias de los actos antes de
realizarlos; y a sagacidad, como la capacidad de ser astuto.
Justicia: Simbolizada por la balanza, busca
equilibrar las relaciones humanas y garantizar el trato digno. Requiere otras
virtudes como la benevolencia, el respeto, la gratitud, la afabilidad y la
honestidad, fundamentales para la convivencia.
Fortaleza: Esta cualidad nos dota de la
energía necesaria para enfrentar retos y conquistar propósitos elevados. En
contextos hostiles, la fortaleza se manifiesta como un impulso vital que
permite perseverar a pesar de las dificultades. Así, junto con la prudencia y
la justicia, la fortaleza sostiene la búsqueda de armonía y equilibrio en
nuestras acciones, guiándonos hacia decisiones acertadas y eficientes.
Templanza: Es fundamental para la toma de
decisiones acertadas, ya que brinda la capacidad de disfrutar de los bienes de
la vida con plena libertad, evitando caer en la dependencia o el sometimiento a
los propios deseos y tentaciones.
La templanza actúa como una guía
interna que regula los impulsos, ayudando a mantener la serenidad y el control,
elementos esenciales para vivir en armonía con uno mismo y con los demás.
“La templanza que es
el sentido de la medida”. Papa Francisco, Discurso, 31-1-2014.

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