¿Qué es el silencio? Más allá de la ausencia del sonido - Por Osvaldo Revelles. Autor de Pasos hacia el silencio.
Tras la publicación de mi libro y la búsqueda de retroalimentación, descubrí que muchos lectores no lograban comprender plenamente el mensaje. Esta situación me llevó a realizar una serie de consultas e investigaciones —algunas informales, otras mediante entrevistas personales y cuestionarios en redes sociales— con el fin de identificar las causas de dicha dificultad interpretativa.
El análisis permitió detectar una confusión recurrente entre
los términos silencio, callar, calmar y pausar. Aunque en el uso cotidiano
pueden parecer intercambiables, desde una perspectiva lingüística representan
fenómenos distintos.
En una encuesta por Linkedin obtuve diferentes respuestas:
- Pausar: 20%
- Callar: 24%
- Calmar: 44%
- Otras opciones: 12%
Este tipo de confusión puede clasificarse como:
Sinonimia
aparente, cuando se emplean palabras diferentes como si fueran equivalentes,
pese a que sus definiciones no lo son.
Transposición
semántica, cuando el receptor sustituye el significado de una palabra por otro
más cercano al núcleo del mensaje, ignorando su función específica.
En estudios de la neurociencia reconoce que el cerebro tiende
a simplificar el procesamiento del lenguaje mediante “atajos mentales”,
apoyándose en el núcleo del mensaje y relegando la precisión del término. Este
mecanismo, aunque eficiente, puede generar errores gramaticales y desviar la
interpretación del propósito original de la obra.
La confusión semántica no solo afecta la comprensión lectora,
sino que también puede derivar en fenómenos como:
• Fatiga
mental, que favorece el pensamiento rápido y poco analítico.
• Sesgos
interpretativos, que conducen a una lectura distorsionada.
• Ceguera
sistémica, cuando el lector pierde de vista la intención del autor y se instala
en una interpretación errónea.
En términos comunicativos, esto evidencia una brecha entre el
emisor y el receptor: el primero otorga un sentido preciso al relato, mientras
que el segundo lo recibe filtrado por atajos cognitivos que alteran su
significado.
La diferencia entre silencio y sus aparentes sinónimos no es meramente lexical, sino que constituye un fenómeno lingüístico y cognitivo de relevancia. Reconocer esta problemática permite comprender cómo los procesos mentales del lector pueden transformar el mensaje, generando un sesgo en la relación entre obra literaria y lector.
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