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Sin profundizar en el concepto de
organización, podemos esbozarla como un conjunto de organismos vivientes
orientados e interconectados hacia un propósito común. Desde esta mirada, el
“silencio” aparece como un componente estructural: una cualidad inherente y
conciliadora que sostiene el propósito de cada individuo dentro del todo.
Bajo esta perspectiva, el silencio
adquiere relevancia para la salud organizacional. No solo influye en la calidad
de los procesos y en los resultados, sino también en el bienestar de quienes
habitan y se proyectan dentro de la organización. Su presencia favorece
prácticas comunicacionales más racionales y armónicas, habilitando relaciones
donde la reflexión, la escucha y la coherencia se vuelven hábitos cotidianos.
“La comunicación es un PUENTE CONECTIVO dentro
de la estructura cultural sobre quienes son parte de un todo”
En la actualidad, este puente
conectivo dentro de las organizaciones, por razones de vehemencia o velocidad
de procesos, carece de coordinación, armonía, equilibrio; es decir, de un
sistema ordenado. Por tal motivo, es necesario vincular este puente a una
apertura por la frágil relación entre los procesos y quienes son partícipes del
acto organizacional, como organismo viviente que enmarca axiomas
cuali-cuantificables como intersticios comunicacionales en un ámbito de
relaciones. En ese marco, el silencio aparece como un recurso que
- Favorece la reflexión.
- Regula las interacciones.
- Permite la racionalidad en las
relaciones comunicacionales.
El silencio columpia algorítmicamente
sobre cada acto planificado en la decisión de cada integrante de la
organización a través de atributos que conectan a través del puente cada relato
fatuo en voluntad o en relación con el propósito colectivo. En este
sentido, las dinámicas invisibles dentro de una organización moldean las
decisiones individuales, incluso cuando esas decisiones parecen libres o
racionales. El “silencio” es la cultura tácita; los “atributos” son los
mecanismos simbólicos que conectan a las personas; los “relatos sin fundamentos
o fatuos” son las narrativas superficiales que sostienen la ilusión de
coherencia. Cerrando esta reflexión, podría agregar que el puente conectivo
articula la distancia entre lo que se dice y lo que realmente opera en la vida
organizacional.
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